No sé si serán cosas de la edad o la madurez, el desencanto de todo lo conocido y repetido o la necesidad de algo diferente, pero últimamente pienso y deseo cosas que nunca antes había sentido y jamás hubiera imaginado. Pienso en crear familia, no con retoños (eso sigo sin imaginarlo por el momento), pero sí con una persona especial a quien acabar considerando o incluso convirtiendo en mi familia. Pienso en conocer a alguien con quien realmente poder acabar mis días, pero deseando al mismo tiempo que nunca acaben. Pienso en sentar el alma y el corazón, que la cabeza la tuve siempre sentada. Siento que cada vez me puede más el deseo de encontrar a esa persona, llegando a arder como una necesidad, y pienso que tal vez por ello empiece a ver como ilusión o ideal algo que hace no mucho consideraba normal. Empiezo a dudar qué es normal y qué es especial. Serán cosas de la edad... Es triste descubrir que empiezo a sentir que tal vez estoy pidiendo demasiado, y no quiero afrontar esta "nueva" etapa con tristeza. Ni tan siquiera con resignación ni comprensión. De hecho prefiero negarme a creer que sea así y, a ser posible, volver a ilusionarme, con todas sus consecuencias. Volver a enamorarme, otra vez erróneamente, lo más probable, sí... No quiero cuidar ni enseñar a más niñas, ni pagar por traumas de los que no soy culpable. Creo que merezco dejar de preocuparme por si resulta ingenuo o egoísta empezar a pensar en lo que realmente quiero, buscar y perseguir lo que realmente deseo. Lo que sé que necesito. Y vuelvo a dudar si ella existirá… Alguien que comparta, no los mismos gustos, pero sí la pasión y convicción por los suyos. Capaz de dedicar toda su vida a algo, y al mismo tiempo poder enamorarse cada día de algo nuevo, casi con la misma pasión, y perder toda una tarde, una semana o un mes en bucear profundamente en esa nueva ilusión, y cambiarla por otra unos días después, deseando que la acompañe en todas ellas, pero siendo capaz de hacerlo sola igualmente, con la misma independencia y la misma ilusión. Alguien a quien no le importe que la tachen de aburrida o excéntrica por sus contradictorias aficiones, y capaz de razonar perfectamente la lógica relación entre ellas. Alguien que no tema decirme un día que ya no sabe lo que quiere, consciente de que lo único importante es ser fiel a sí misma y honesta con los demás, sabiendo que podremos dialogar lo que sea abierta y tranquilamente, dejando que las alegrías o las penas lleguen sólo cuando tengan que llegar. Alguien que no necesite arreglarse para parecerme guapa. Ni ser guapa para parecerme sexy. Ni ser sexy para cautivarme. Cuya belleza, sencilla pero singular, junto con una acertada mirada o una oportuna sonrisa, puedan llevarme al fin del mundo con los ojos vendados. Una compañera. Una eterna novia que sepa levantarme la cabeza en mis peores momentos, comprenderlos y por ello ayudarme a superarlos ayudándome a entenderlos. Una AMIGA que sepa cuándo puede ser niña y cuándo debe ser mujer. Alguien capaz con su sola presencia y su manera de besarme de mantener cada minuto vivo el recuerdo de los primeros días. Con ambiciones, grandes metas y proyectos, realistas e increíbles, a corto, medio y largo plazo, con los pies en la tierra, la cabeza en las nubes y el corazón en mis manos. Y el mío en las suyas. Segura de ello, sin dudarlo nunca, pero cuidándolo y apretándolo como si pudiera perderlo en cualquier momento, con esa curiosa combinación de pasión y confianza que sólo se tiene en esos primeros días, aunque ya hayan pasado 20 años… Una MUJER. Con mayúsculas y todas las letras, sí. Sofisticada, alocada, discreta, descuidada, práctica, apasionada, sensible, calculadora… de esas (si es que existen) que entienden que hay un momento para cada cosa y se puede ser todo eso y mucho más. Y que desee serlo conmigo y no le dé miedo seguir conociéndose aún cumplidos los 40, ni le sorprenda que sigamos conociéndonos tras 15 años juntos. Que pueda hacer parecer nuevo el mismo beso de siempre, y hacerme sentir algo nuevo cada día. Que a pesar de tener todo esto que tan claro tengo que debe tener una mujer para que pueda relajarme a su lado y dejar que pasen los años, pueda sorprenderme con algo diferente, o demostrándome que estaba equivocado y podemos envejecer juntos con mucho menos, o incluso que debería haber soñado con mucho más y ella me lo puede mostrar. Alguien que no necesite convencerme de que no me necesita para nada, pero que no tema mostrar que su corazón me necesita para todo. Que sepa sentarse a mi lado sin decir nada cuando sabe que la necesito, sin necesidad de preguntarme qué pasa, tan sólo cogerme la mano, en silencio, acompañarme y saber cuándo abrazarme, besarme y dejar todo eso atrás. Que sepa reír y llorar cuando hacemos el amor. Que me haga reír y llorar cuando hacemos el amor. Que cada momento juntos nos excite como el primer día. Alguien a quien poder mirar embobado a los ojos, sintiendo lo que piensa, sabiendo que escucha claramente lo que pienso, y que con una sola mirada me responda lo que necesito, estremeciéndome con la caricia que la acompaña, en el momento adecuado, una vez más, incluso varios años después de aquella primera. Que sepa hacerme ver mis errores y no le asuste criticarme y corregirme, que quiera hacerme aún más grande a su lado y quiera seguir creciendo al mío. Alguien que me haga volver a sentir que los locos son los demás, por no saber ser tan locos como nosotros. Que me haga sentir al mismo tiempo que no estaba buscando nada del otro mundo y que somos los únicos de este que se miran, se sienten, se entienden y se quieren como nosotros lo hacemos. Alguien tan loca como yo, más normal que la mayoría, tanto que, realmente, empiezo a dudar que ella exista.
Gracias Iván por tan bonitas palabras...